domingo, 16 de abril de 2017

LA NIÑA DE LA MORTADELA


Tendría unos 10 u 11 años cuando presencié una escena que me conmovió profundamente. Es uno de los recuerdos más intensos que tengo de una situación en la que empaticé completamente con el sufrimiento del otro. Estaba de vacaciones, pasando unos días en uno de los pueblos más famosos de la costa alicantina. Ahora lo odio, pero antes me encantaba. Allí viajaba todos los veranos con mi familia y solíamos pasar el mes de julio casi completo. Uno de esos días por la tarde, mientras paseábamos por las atestadas calles del pueblo, vi la siguiente escena: una niña, con un bocata de mortadela en la mano, estaba conteniendo el llanto, con la cabeza baja y la expresión más triste que había visto en mi vida hasta ese momento. La razón de que se encontrara en ese estado de ánimo: su padre, un hombre que me pareció relativamente joven (cosa sorprendente, porque con 10 años todo el mundo que supere los 20 ya te parece un anciano decrépito; no fue el caso), y que estaba delante de ella reprendiéndola con severidad. 

Desconozco la razón de la regañina ni si estaría o no justificada; pero me pareció especialmente cruel, y no por el contenido de la misma, del que no recuerdo nada y creo que ni siquiera lo pude oír bien. Tampoco fue por la novedad de la escena, pues ya había visto antes de ese momento a padres regañando a sus hijas. Creo que tuvo mucho más que ver con la interpretación que hice del lenguaje no verbal tanto del padre como de la hija. El de él me pareció agresivo y desproporcionado; el de ella, me transmitió, como ya he dicho antes, una sensación muy intensa de tristeza y malestar. Por un momento me convertí en la niña de la mortadela, porque pude sentir exactamente lo que estaba sintiendo ella. 

Se suele decir que, por culpa de nuestra subjetividad, nunca podemos llegar a saber lo que siente exactamente el otro; sólo podemos acceder a nuestras propias sensaciones y pensamientos, de tal forma que las emociones de las personas ajenas a nosotros, incluso esas personas en sí mismas, podrían ni siquiera existir. Es, en cierto modo, lo que en filosofía se denomina “solipsismo”. Pero creo que no es verdad; no sé cómo explicarlo y, de hecho, no puedo demostrarlo de ninguna forma, pero tengo la completa certeza de que, en ese momento, yo estaba sintiendo lo mismo que la niña de la mortadela. Su tristeza me traspasó, me inundó por completo; sentí con total intensidad todo su malestar. Y tan difícil me resulta ahora describirlo con palabras, como fácil fue sentirlo y reconocerlo. 

Para mí, la niña de la mortadela es la prueba evidente de que algunos seres humanos estamos conectados; no me atrevo a decir “todos”, porque es un tanto arriesgado. Además tengo experiencias de auténtica antipatía, pero sí me parece razonable pensar que hay algo que nos une en el sentir; nuestra capacidad de ponernos en el lugar del otro y de saber exactamente lo que le pasa. 



16 comentarios:

  1. Hola
    Hay escenas y momentos que nos tocan mucho, y no sabemos el por qué, si por nuestra sensibilidad, por aquello en lo que nos fijamos, por el momento que estemos pasando, por el ambiente o por ser cómo somos, lo cierto es que la manera de "mirar" de cada uno de nosotros ya dice mucho de nosotros como personas.

    No conocía el concepto de “solipsismo” o nuestra mirada particular del mundo, únicamente de nuestro mundo, pero sí sé que tu anécdota ilustra perfectamente lo que en psicología llamamos empatía, esa de la que tanto se habla y tan poco se practica pero que en tus letras está muy presente.
    Un saludo

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    1. ¡Hola Conxita! Pues sí, quizá si practicáramos más la empatía el mundo no sería tan desolador como a veces parece. El solipsismo es una filosofía muy interesante y atractiva; sobre todo en el pensamiento de Descartes, cuando intenta demostrar que la realidad (res extensa) existe al margen de nuestra mente (res cogitans). Quizá te pueda resultar interesante si quieres ahondar un poco más en ella. Un fuerte abrazo.

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  2. En el caso de la situación que narras solemos ponemos de parte de la víctima, en este caso de la niña. Me ha pasado también cuando veo a unos padres regañando a sus hijos sentirme conmovida o impotente por el dolor que adivino en el más débil. Luego recapacito y me digo que no estoy dentro del padre o madre para entender su enfado. Quizá tenga sus motivos; pienso así porque soy madre y he regañado muchas veces a mis hijos. A veces habrá sido injusto o desproporcionado mi enfado, pero, espero, que la mayoría de las veces no.
    De acuerdo con lo que dices del solipsismo; la realidad se capta de manera subjetiva y no hay garantías de que lo que captemos sea igual a lo que hay fuera y de que se pueda comunicar para que represente la realidad con exactitud.
    Un saludo.

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    1. ¡Hola Ángeles! En ese momento la niña de la mortadela me pareció tan inocente que di por sentado que no había hecho nada para merecer tal regañina, pero, vamos, seguro que la había liado muy parda, y el enfado del padre era muy legítimo. Un fuerte abrazo y muchas gracias por tu comentario.

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  3. Al parecer, esa "capacidad de ponernos en el lugar del otro" es debida a las llamadas "neuronas espejo", y sólo las tenemos los primates. Su mal funcionamiento es la razón de las principales variantes del autismo, tales como el síndrome de Asperger. Y también del comportamiento de algunos criminales capaces de hacer daño sin experimentar ningún sentimiento.

    Llamarlo "conexión" entre seres humanos suena sugerente pero me parece algo exagerado.

    Saludos.

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    1. ¡Hola entangled! ¿Sólo las tenemos los primates? Uy, pensaba que estaban presentes en más animales. Cuando un humano no las tiene resulta muy inquietante, desde luego. No dejan de sorprenderme los casos de psicópatas incapaces de identificarse lo más mínimo con otros seres humanos, de tal forma que disfrutan provocando dolor. En fin, sea conexión o simple biología, el sentimiento de empatía me genera emociones inigualables. ¡Un abrazo y muchas gracias por comentar!

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  4. Tu anécdota y el mensaje que contiene me hacen pensar algo que puede parecer obvio y es que todo aquello que, de alguna forma, grabamos a fuego de por vida, es porque hacen un 'clic' en nosotros.
    Yo sí entiendo esa 'conexión' de la que hablas, no como una conexión entre personas sino una conexión más bien inmaterial entre emociones, percepciones,sensaciones, reacciones...Evidentemente la niña de la mortadela y tú ni tenéis ni tendréis nunca, probablemente, nada que os una ni nada que ver, pero en ese momento tu cabeza hizo ese clic (del que hablaba) con su reacción ante la regañina de su padre.
    Me ha gustado tu post, D.P. ;-)
    Un beso

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    1. ¡Hola Chelo! Muy interesante tu planteamiento de que la conexión no es tanto entre personas, sino entre emociones. Me parece que tienes razón al señalar que, probablemente, la niña de la mortadela y yo no tendríamos nada que nos uniera más allá del reconocimiento de nuestras sensaciones. ¡Un abrazo!

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  5. Menuda escena. Has descrito una de mis comidas de cabeza habituales, esa que describes sobre si tus propios sentimientos los demás humanos los perciben y sientan tal y como tú lo haces. Esa escena que viste de cría te marcó. No hay más que ver como lo relatas. No sé si a mí me ha pasado algo así con tanta fuerza. Un saludo.

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    1. ¡Hola Juli! Ya ves, una comida de olla en toda regla y uno de los temas que, como tú, me he planteado un millón de veces. Supongo que todo depende de la interpretación y el enfoque que se le dé (más biologicista, más filosófico, más literario...), pero creo que reconocer emociones en el otro implica, en cierta forma, sentirlas como él (o de manera muy parecida). ¡Un fuerte abrazo!

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  6. Cuando curraba de profe, en el patio, con mis alumnas, siempre tenía una fila larga de niñxs que querían que les "asistiera" con sus problemas, que les llevara el caso ;) , se olían que me importaban. Supongo que a ti te importó esa niña y cómo se sentía, por eso te impactó. Un placer leerte.

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    1. ¡Hola Paola! Está claro que tus alumnas te percibían como una persona preocupada por sus intereses y eso dice mucho de ti (y de la capacidad de las personas para reconocer sentimientos, actitudes...). ¡No sabía que eras profe! Fíjate, algo que tenemos en común. Un fuerte abrazo.

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  7. Pues tener empatía yo creoq eu es algo importantísimo para relacionarnos con los demás, así que tienes mucah suerte de tener esa capacidad, aunque a veces sirva para sufrir...

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    1. ¡Hola Nosu! Pues sí, es verdad que la empatía hace sufrir muchas veces. Aún así, no la cambiaría por nada, fíjate. Los sentimientos que me genera son inigualables y sentirlos hace que me conecte con la vida de una forma tan intensa, que me engancha muchísimo. ¡Un fuerte abrazo!

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  8. La empatía es una de las capacidades más fantásticas que tenemos porque nos permite ponernos en la piel del otro. Por desgracia no todo el mundo tiene el mismo grado o capacidad empática... Pero este no es tu caso ;)
    Yo a veces empatizo tanto que cualquier situación me afecta o me hace sufrir pero tampoco cambiaría eso por nada.
    Abrazos! :)

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  9. ¡Hola Hiro! He de decir que no siempre muestro tanta empatía; a veces siento que no entiendo en absoluto a algunos seres humanos, los cuales me resultan completamente ajenos. Últimamente esto me pasa mucho con Trump. ¡Un besazo!

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