jueves, 28 de junio de 2018

LA CONVERSACIÓN


Era importante para mí que la conversación no tuviera lugar en casa de mis suegros. Una comida allí hubiera sido agónica y muy indigesta. Así que le pedí a P. que, por favor, lo organizara para que vinieran a la nuestra por la tarde y, como mucho, merendar algo. Tras un pequeño tira y afloja, P. aceptó. 

Vinieron un sábado por la tarde. Les enseñamos la casa; en más de diez años de relación, no la habían pisado. Les gustó, o eso nos dijeron. Fuimos al salón y nos sentamos en torno a unos sándwiches. 

P. y yo nos habíamos preparado concienzudamente para coger las riendas del asunto e impedir que nos hipnotizaran con su verborrea recalcitrante. Pero no sé lo que pasó… De pronto y con una habilidad inusitada, le dieron la vuelta a la tortilla y en vez de llevar P. y yo el ritmo de la conversación, lo acapararon ellos por completo. Otra vez tuvimos que aguantar sus anécdotas imposibles, sus relatos exagerados y los aburridos detalles que a nadie le importan en absoluto. 

Yo me quería morir. No sólo porque fuera insoportable escucharles, sino por reconocer mi propia incapacidad para cortarles y decirles lo que les tenía que decir. Y justo antes de que mi cerebro estallara por la presión, se me ocurrió utilizar los elementos que ellos mismos usaban en su inagotable charla para, así, llevarlos a mi terreno sin que pudieran escabullirse en absoluto. 

Así que empecé a soltar un chorro de palabras con una conexión tal, que era prácticamente imposible que me interrumpieran o que consiguieran llevar la conversación a su terreno. Y en esas, les solté la bomba en plan jocoso: “Bueno, ¿qué os ha pasado durante estos diez años?” Fue entonces cuando mi suegro me espetó: “Ah, pues eso que te lo explique mi mujer, porque yo nunca he tenido ningún problema”. Me quedé a cuadros… 

“Yo nunca he tenido ningún problema… Yo nunca he tenido ningún problema…” Sus palabras resonaban en mi cabeza cual eco burlón e insultante. ¿Que nunca has tenido ningún problema? ¿QUE NUNCA HAS TENIDO NINGÚN PROBLEMA? ¿Entonces por qué jamás has mostrado el menor síntoma de apoyo ni aceptación? ¿Y por qué nos has ninguneado y rechazado durante todos estos años? Mi indignación era tremenda, porque si hay algo que no soporto en esta vida es la actitud de aquellos que no son capaces de asumir su responsabilidad. 

Afortunadamente, mi sensación de indignación quedó aminorada por la explicación que me ofreció mi suegra. Ella, de forma muy honesta (cosa que me sorprendió mucho), me reveló las razones por las que había mantenido su actitud homófoba durante todos estos años. En la conversación, me dejó claro que se había equivocado e incluso me pidió perdón explícitamente. Yo se lo agradecí y, aunque la conversación fue unidireccional (en ningún caso me preguntó nada a mí y sólo habló de ella), su explicación me resultó satisfactoria. 

Pero lo de mi suegro me mató. No sólo no era verdad que él no tenía ningún problema, sino que él mismo quedó en evidencia en un momento de la conversación. Nos estaban hablando de sus amigos y yo les pregunté si les habían contado algo de nuestra relación, y me dijo que no, que, como él era un hombre muy discreto y no le gustaba desvelar la intimidad de nadie, a sus amigos le habían dicho que P. no tenía pareja. Ehhhh… Súper coherente con el hecho de no tener ningún problema. 

Decidme si me equivoco, pero creo que es obvio que preservar la intimidad no implica mentir. Y es que una cosa es ser discreto y otra querer ocultar la realidad. Si dices que tu hija no tiene pareja estás escondiendo deliberadamente que sí la tiene y, por tanto, estás negando su realidad. Es una discriminación en toda regla fruto de creer que la homosexualidad es algo malo y reprobable, de tal forma que se debe ocultar. Para mí es algo evidente que esto es tener un problema profundo de homofobia, por eso siento un enorme asombro cuando compruebo la ceguera de mi suegro. 

Finalmente la conversación terminó y ellos se marcharon; y yo me quedé con una sensación agridulce. Por una parte, estaba feliz de que mi suegra se hubiera sincerado y hubiera reconocido su error, pero, por otra parte, me indignaba la falta de responsabilidad y de consciencia que mostraba mi suegro. Creo que no hay nada peor que alguien que no se da cuenta de los errores que comete, porque está abocado a repetirlos una y otra vez. Y si sólo le afectaran a él, pues bueno, todavía tendría un pase. Pero es que ya salpican demasiado.

12 comentarios:

  1. Es todo un avance, Desbordamientos. Enhorabuena. Al menos este pequeño pasito es como el del astronauta Armstrong. A ver si ahora la cosa se normaliza con tus suegros. Besitos.

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  2. De todos modos, los suegros, y en especial la suegra, somos unos cabrones.

    Saludos

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    1. Jajajaja, en este caso, en especial el suegro. Espero que si tú lo eres, Emilio Manuel, seas el mejor de los suegros posibles. ¡Un fuerte abrazo!

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  3. Dentro de poco te enterarás de cual de las dos personas ha sido más sincera. Al tiempo!

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    1. ¡Hola Melita! La madre me pareció sincera, la verdad. Y el padre, en su torpeza, también. Quizá no es tanto falta de sinceridad como de valentía. Un fuerte abrazo.

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  4. Bueno, al menos has tenido una explicación, que es lo que buscabas.

    Espero que a partir de ahora las cosas se suavicen un poco (siempre y cuando sea eso lo que estás buscando.

    Un beso!

    https://similocuramedeja.blogspot.com/

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  5. Como dice Juli, al menos es un avance! Paso a paso... Mi suegra también decía que "no tenía ningún problema" pero de cara a su círculo de amistades me presentaba como a "una amiga" de su hija.
    Con el paso del tiempo, ha ido aceptándolo y ahora me presenta sin problemas como la pareja de su hija :D

    ¡Besos!

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    1. ¡Hola Hiro! Me resulta indescifrable qué entenderán tu suegra y mi suegro por "problema". Supongo que para ellos tener un problema con las personas homosexuales es querer matarlas, o algo parecido, de tal forma que todo lo demás no lo consideran en absoluto problemático. Nos ha jodío... ¡Muchos besos!

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  6. Machismo y homofobia van de la mano.
    Mi madre también tardó como once años en decirles a sus amigos que era lesbiana. Así que quizá el señor necesita más tiempo en su proceso....

    Aquí mi historia: https://maximizandomientropia.blogspot.com/2015/09/sacandome-del-armario-11-anos-despues.html

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    1. ¡Hola Nosu! Más que tiempo, me temo que mi suegro necesita una reducación cerebral. El problema que veo es que ni mi suegro ni me suegra hacen nada por superar sus prejuicios. No tienen ninguna iniciativa en crecer en ese sentido. Sólo la presión externa les ha obligado a plantearse ciertas cosas; por ellos mismos, cero patatero. No sé si le pasaría igual a tu madre. ¿Ella fue a algún sitio o hizo algo por superar su homofobia? ¡Un fuerte abrazo!

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