jueves, 14 de noviembre de 2019

RECTIFICACIÓN

Perdón, cuando me muera, ya no quiero que suene «Festival», la canción de Sigur Ros a la que me refería hace tiempo. Ya no me identifico con ella. Ahora quiero que suene «Death with dignity», de Sufjan Stevens, porque me parece la canción más hermosa que he escuchado en toda mi vida. Gracias. 




martes, 22 de octubre de 2019

miércoles, 9 de octubre de 2019

DEDICADO A SUSANA




Querida Susana:

He visto que has dejado de seguir mi blog. Tranquila, lo entiendo. Me parece muy razonable que una persona que piensa que los homosexuales somos enfermos mentales elimine su perfil de un blog como el mío. Lo que me extrañaba es que continuaras en él; supongo que sólo habías leído las últimas entradas y no te habías percatado del resto. 

Sí, Susana, sí, soy homosexual y es una pena que abandones mi blog por esa razón. Más bien diría que es una tragedia. ¿Tanto te ciegan los prejuicios? ¿De verdad dejas de seguir un blog porque la persona que lo escribe tiene una orientación distinta a la heterosexual? Me entristece profundamente a la vez que me asquea, porque ni siquiera me conoces y, en principio, mi blog te había gustado. 

Ahora podría intentar convencerte de que no, la homosexualidad no es ninguna enfermedad mental y de que no, los homosexuales no somos unos pervertidos que odiamos a los cristianos y a los heterosexuales y que intentamos convertir a todas las personas que podemos en homosexuales. Pero, ¿sabes qué? Prefiero dedicar mi tiempo a algo más productivo, ya que esa tarea me resulta titánica, por no decir imposible. Además, por lo que he leído y leo en tu blog, eres una persona que no va a perder ni un segundo de su tiempo en escucharme, pues ya tiene muy claro lo que piensa y eso que piensa es la verdad; esto hace que el diálogo se imposibilite de lleno. Una lástima.

En fin, si algún día cambias de parecer, será un placer para mí acompañarte en esa búsqueda de una verdad más auténtica, es decir, de una verdad que no sea dogmática, sino dialógica y respetuosa con el prójimo. 

Sin más,

Un saludo. 

viernes, 31 de mayo de 2019

HOMENAJE



Hoy quiero hablar de mi amigo Z.

La amistad no es siempre perfecta (no sé por qué he puesto “siempre”, porque más bien nunca lo es). Y, tal y como decía Sartre, el otro puede convertirse en un infierno (con bastante facilidad, por cierto). Pero sí es verdad que hay personas que nos traspasan y que, casi de forma natural, se convierten en motores y alimento de nuestra existencia. Esto es lo que me ocurre con Z.

Nos conocemos desde tiempos remotos; incluso me atrevería a decir que épocas. Pues bien, tengo la certeza de que en todas ellas coincidimos y de que en todas ellas fuimos colegas. Sí, Z es mi colega, pero no en el sentido más superficial del término, a saber, aquella persona con la que pasas un buen rato pero la relación que se establece no supera lo frívolo. No, todo lo contrario, se trata de colega en el sentido de compañero de vida. Z es esa persona en la que puedo confiar pase lo que pase; esa persona con la que podría hablar de cualquier cosa sin sentir en absoluto un juicio o una reprobación, porque él me acepta tal cual soy y me quiere tal cual soy. Y esto me hace sentir la persona más afortunada del Universo. 

Y, digo más, no solo puedo hablar de todo con él porque no juzgue, sino también porque tiene un nivel de apertura y de bagaje dialéctico espectaculares. Muestra un interés casi innato por casi todos los temas que se le puedan plantear y sus mecanismos metales son de lo más peculiares. Lo mismo puede analizar a la perfección una escena de una película en concreto que crear toda una teoría asociando una ostra con Torquemada (esto es real, esa teoría existe y si algún día se anima a escribirla y me deja, será todo un honor para mí publicarla en este blog).

Pero si algo caracteriza a Z es, sobre todo, su generosidad. Pocas personas he conocido en mi vida con esta cualidad tan acentuada. Y es que su generosidad nace de un desinterés y de una autenticidad tal que la convierten en algo absolutamente desbordante. Siento que podría pedirle cualquier cosa y tener el convencimiento total de que, si está en su mano, me la va a brindar sin reservas. ¿Hay algo más precioso y preciado que esto?

Por último, sólo me queda decir: Z, mi colega, mi compañero y mejor amigo, te quiero, en esta y en todas las épocas. 

miércoles, 8 de mayo de 2019

DECLARACIÓN DE INTENCIONES


Releyendo algunas entradas de este blog, me he dado cuenta (tampoco hay que ser muy suspicaz) de que la mayoría de ellas se centran en describir un desbordamiento negativo. Y no me ha gustado nada. Así que, quiero cambiar esta tendencia. No sólo porque mi ira ya no está en su punto álgido (gracias, estoic@s del mundo), sino porque quiero intentar moderar la negatividad que desprenden mis palabras. Por tanto, voy a procurar centrarme en los desbordamientos positivos y restaurar, así, el equilibrio perdido. ¡A ver qué sale!

Por de pronto, os dejo otro texto que me ha resultado máximamente inspirador a la hora de superar mis sentimientos de crispación. Se trata de un fragmento de la obra "Meditaciones" de Marco Aurelio. Espero que lo disfrutéis.

Cuando te sientas afectado por la conducta despreciable de un hombre, pregúntate inmediatamente: “¿Es posible que no haya gente despreciable en el mundo?” No, no es posible. Entonces, no esperes lo imposible. Pues dicho hombre es tan sólo uno de tantos depravados que deben existir en el mundo. Piensa lo mismo del villano, del cínico y de cada necio que encuentres en tu camino. Pues si recuerdas que tales personas existen, estarás mejor dispuesto hacia ellos.

Reflexiona también acerca de las virtudes que la naturaleza nos ha dado para contrarrestar los actos viles. Pues nos ha dado la compasión como antídoto contra la brutalidad, y así para cada afección nos ha dado una virtud distinta. Y en cada caso, te es posible corregir al descarriado; pues todo el que vaga sin rumbo falla su objetivo y acaba por mal camino.

Además, ¿qué daño has sufrido? Verás que estas personas no han hecho nada que perjudique tu mente, y todo lo que es perjudicial y malo para ti existe sólo en la mente. ¿Por qué te extraña que alguien ignorante actúe como un idiota?

Tal vez debas echarte la culpa a ti mismo, ya que no esperabas que esa persona se equivocara de esa manera. Seguramente tu voz interior te dijo que era posible que cometiera semejante error. Pero aún así, tú no prestaste atención, y ahora te sorprende su equivocación.

Por encima de todo, cuando acusas de deslealtad o ingratitud, vuélvete hacia ti mismo. El error es claramente tuyo, si creíste que él cumpliría su promesa o fuiste amable simplemente porque esperabas algo a cambio. Pues, ¿qué esperas cuando prestas un servicio a alguien? ¿No deberías estar contento por haber hecho lo correcto, en lugar que sentir que deben pagarte por ello?

Es como si tus ojos cobraran una tarifa por ver o tus pies por caminar. Estas partes de tu cuerpo están hechas para cumplir propósitos específicos y, al actuar según su configuración, logran su realización. Asimismo, nosotros hemos sido creados por la naturaleza para actuar con benevolencia. Cuando hacemos algo útil o que, de alguna manera, redunda en el bien común, actuamos en armonía con nuestra configuración inherente y, así, cumplimos nuestro fin.


jueves, 11 de abril de 2019

MI NUEVO HÉROE




Decidme una cosa, por favor, necesito vuestra humilde opinión. ¿Es esto posible? De verdad, ¡¿ES ESTO POSIBLE?! Me refiero a lo que propone Epicteto en el siguiente texto. Porque a mí me parece toda una hazaña, y si Epicteto lo consiguió, sin duda se ha convertido en mi nuevo héroe.

“¿Se puede, entonces, sacar provecho de esto? De todo. ¿Y también del que insulta? Sí. ¿Cuánto aprovecha el entrenador al atleta? Muchísimo. Pues el que me insulta se vuelve entrenador mío; entrena mi capacidad de aguante, mi docilidad, mi mansedumbre. (…) Si alguien me entrena en la docilidad, ¿no me aprovecha? (…) ¿Un mal vecino? Para sí mismo, pero para mí, bueno. Entrena mis buenos sentimientos, mi ecuanimidad. ¿Un mal padre? Para sí, pero para mí bueno. Esto es la varita de Hermes: “Toca lo que quieres –dice- y se convertirá en oro”. No, sino: “Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien”. (Epicteto,  Disertaciones por Arriano, III, XX)

Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien... Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien... Tendré que repetirme esta frase como si de un mantra se tratase, para poder superar el próximo acceso de ira que me desborde por completo. O quizá la ira ya no vuelva nunca más... Quién sabe... Las palabras de Epicteto parecen muy poderosas…

¡Hola a tod@s de nuevo!

jueves, 28 de junio de 2018

LA CONVERSACIÓN


Era importante para mí que la conversación no tuviera lugar en casa de mis suegros. Una comida allí hubiera sido agónica y muy indigesta. Así que le pedí a P. que, por favor, lo organizara para que vinieran a la nuestra por la tarde y, como mucho, merendar algo. Tras un pequeño tira y afloja, P. aceptó. 

Vinieron un sábado por la tarde. Les enseñamos la casa; en más de diez años de relación, no la habían pisado. Les gustó, o eso nos dijeron. Fuimos al salón y nos sentamos en torno a unos sándwiches. 

P. y yo nos habíamos preparado concienzudamente para coger las riendas del asunto e impedir que nos hipnotizaran con su verborrea recalcitrante. Pero no sé lo que pasó… De pronto y con una habilidad inusitada, le dieron la vuelta a la tortilla y en vez de llevar P. y yo el ritmo de la conversación, lo acapararon ellos por completo. Otra vez tuvimos que aguantar sus anécdotas imposibles, sus relatos exagerados y los aburridos detalles que a nadie le importan en absoluto. 

Yo me quería morir. No sólo porque fuera insoportable escucharles, sino por reconocer mi propia incapacidad para cortarles y decirles lo que les tenía que decir. Y justo antes de que mi cerebro estallara por la presión, se me ocurrió utilizar los elementos que ellos mismos usaban en su inagotable charla para, así, llevarlos a mi terreno sin que pudieran escabullirse en absoluto. 

Así que empecé a soltar un chorro de palabras con una conexión tal, que era prácticamente imposible que me interrumpieran o que consiguieran llevar la conversación a su terreno. Y en esas, les solté la bomba en plan jocoso: “Bueno, ¿qué os ha pasado durante estos diez años?” Fue entonces cuando mi suegro me espetó: “Ah, pues eso que te lo explique mi mujer, porque yo nunca he tenido ningún problema”. Me quedé a cuadros… 

“Yo nunca he tenido ningún problema… Yo nunca he tenido ningún problema…” Sus palabras resonaban en mi cabeza cual eco burlón e insultante. ¿Que nunca has tenido ningún problema? ¿QUE NUNCA HAS TENIDO NINGÚN PROBLEMA? ¿Entonces por qué jamás has mostrado el menor síntoma de apoyo ni aceptación? ¿Y por qué nos has ninguneado y rechazado durante todos estos años? Mi indignación era tremenda, porque si hay algo que no soporto en esta vida es la actitud de aquellos que no son capaces de asumir su responsabilidad. 

Afortunadamente, mi sensación de indignación quedó aminorada por la explicación que me ofreció mi suegra. Ella, de forma muy honesta (cosa que me sorprendió mucho), me reveló las razones por las que había mantenido su actitud homófoba durante todos estos años. En la conversación, me dejó claro que se había equivocado e incluso me pidió perdón explícitamente. Yo se lo agradecí y, aunque la conversación fue unidireccional (en ningún caso me preguntó nada a mí y sólo habló de ella), su explicación me resultó satisfactoria. 

Pero lo de mi suegro me mató. No sólo no era verdad que él no tenía ningún problema, sino que él mismo quedó en evidencia en un momento de la conversación. Nos estaban hablando de sus amigos y yo les pregunté si les habían contado algo de nuestra relación, y me dijo que no, que, como él era un hombre muy discreto y no le gustaba desvelar la intimidad de nadie, a sus amigos le habían dicho que P. no tenía pareja. Ehhhh… Súper coherente con el hecho de no tener ningún problema. 

Decidme si me equivoco, pero creo que es obvio que preservar la intimidad no implica mentir. Y es que una cosa es ser discreto y otra querer ocultar la realidad. Si dices que tu hija no tiene pareja estás escondiendo deliberadamente que sí la tiene y, por tanto, estás negando su realidad. Es una discriminación en toda regla fruto de creer que la homosexualidad es algo malo y reprobable, de tal forma que se debe ocultar. Para mí es algo evidente que esto es tener un problema profundo de homofobia, por eso siento un enorme asombro cuando compruebo la ceguera de mi suegro. 

Finalmente la conversación terminó y ellos se marcharon; y yo me quedé con una sensación agridulce. Por una parte, estaba feliz de que mi suegra se hubiera sincerado y hubiera reconocido su error, pero, por otra parte, me indignaba la falta de responsabilidad y de consciencia que mostraba mi suegro. Creo que no hay nada peor que alguien que no se da cuenta de los errores que comete, porque está abocado a repetirlos una y otra vez. Y si sólo le afectaran a él, pues bueno, todavía tendría un pase. Pero es que ya salpican demasiado.

miércoles, 16 de mayo de 2018

LA COMIDA


Mi conmoción me llevó a aceptar el ir a comer a casa de los padres de P. con una actitud máximamente conciliadora. Ya que se había abierto el vórtice había que aprovecharlo. La condición que me puse era la de hablar, aunque sólo fuera durante un rato, de por qué habían mantenido esa actitud de hostilidad durante tanto tiempo. P. no veía claro que sacáramos ese tema, pero para mí era algo fundamental. Necesito saber su versión, su perspectiva, y, sobre todo, necesito tener la convicción de que el desprecio y los ninguneos no se van a repetir nunca. Además, eso de ir a su casa y hacer como si no hubiera pasado nada me parecía de lo más alienante del mundo. 

Así que, para allá que fuimos con mariposillas en el estómago, y es que nunca es fácil enfrentarse a una situación potencialmente incómoda como esa. Cuando llamamos a la puerta, su padre nos recibió como si nos hubiéramos visto ayer mismo y luego salió su madre, con cara de circunstancias y de nuevo sin mirarme apenas a los ojos. Os confieso que me resultó algo divertida su incomodidad. Se notaba que le estaba costando y esto, de alguna forma, me tranquilizó a la vez que me hizo gracia. 

Habíamos quedado en que fuera P. quien iniciara la conversación “difícil” en algún momento de la comida, así que yo estaba esperando a que lo llevara a cabo. Sin embargo, sus padres no paraban de hablar y hablar y hablar y hablar y hablar como si les hubieran dado una cuerda interminable, de tal forma que era casi imposible encontrar un momento de silencio para iniciar cualquier conversación que no estuviera guiada por ellos. ¡Bufffff, qué agotadores resultaban! Con deciros que en menos de una hora ya conocía la mitad de sus vida. Encima el parloteo desmedido, no sólo no propiciaba ningún otro tipo de conversación que no dependiera de ellos, sino que ni siquiera era interactivo, es decir, que apenas nos preguntaban nada ni se trataba de un diálogo donde las dos partes estaban implicadas. En absoluto… Era un hablar por hablar en un frenético intento de huída hacia delante. Estaba claro; no querían ni por asomo que saliera ningún tema que pudiera resultar embarazoso. 

Resultaban tan tan tan agotadores que yo ya había perdido toda esperanza de tener ningún tipo de conversación productiva con ellos. De hecho, me empezó a embargar una sensación de desasosiego y de sinsentido por culpa de la cual casi se me indigesta la comida. No sólo era agotador escucharles, sino que era completamente frustrante, porque se acercaba el momento de irnos y cada vez tenía más claro que no conseguiríamos hablarles acerca de lo que sentíamos. 

Fue entonces cuando se abrió un vórtice, fue minúsculo, casi imperceptible, pero lo suficientemente visible como para que P. metiera la cuña perfecta y se pudiera iniciar un esbozo de conversación que apenas duró dos minutos, porque ya casi estábamos saliendo por la puerta. No dio para mucho, la verdad, sólo pude decirles que me gustaría hablar un día más tranquilamente de por qué pasó todo lo que pasó y de por qué reaccionaron de esa manera. Ellos, con la mirada baja y un tanto avergonzados, me dijeron que sí, que sin problema. Algo es algo… 

En fin, por lo menos P. se sentía muy feliz por el encuentro y eso hizo que se minimizara un poco la sensación de frustración y de cansancio que me invadía por haber tenido que aguantar tres horas de parloteo insustancial y con apariencia de normalidad fingida. Supongo que queda un largo camino por recorrer, aunque os confieso que este primer encuentro me ha agotado por completo. Espero recuperarme pronto y tener de verdad esa conversación esclarecedora que tanto necesito.

jueves, 26 de abril de 2018

LA DE DIOS ES CRISTO



El otro día establecí un diálogo muy interesante con la autora del blog "Se hace camino al pensar" sobre, entre otras cosas, la posibilidad de que la verdad sea una búsqueda constante en el contexto de una religión que establece dogmas inamovibles. Yo no estaba de acuerdo porque me resulta imposible iniciar una búsqueda donde las respuestas ya están dadas de antemano y, además, no te puedes salir de ellas para reformularlas. Sin embargo, ella sí creía que esto era compatible y lo argumentaba de forma coherente (os invito a leerlo). Sobre todo hablamos acerca del dogma que hace referencia a la divinidad de Cristo, es decir, aquel que afirma que Jesús no sólo era hijo de Dios, sino que era el mismo Dios. 

A mí me cuesta mucho asumir que algo pueda ser considerado una verdad absoluta por dos motivos fundamentales. Por una parte, creo que este tipo de verdades están en contra del pensamiento autónomo, porque no dan pie al cuestionamiento ni a la reflexión. Jesús es Dios y punto, lo tomas o lo dejas, y si lo cuestionas para llegar a otra conclusión distinta, ya no puedes ser considerado cristiano. ¡Viva la mayoría de edad del pensamiento! Me parece un asesinato en todo regla de la capacidad crítica. (Esta es mi opinión, por supuesto; si leéis los comentarios de la entrada del blog que os he enlazado antes, veréis que la autora no está de acuerdo y lo justifica bien). 

Por otra parte, hay que tener en cuenta que un dogma no siempre fue considerado como tal, sino que se estableció en un momento concreto de la historia en base a unos intereses también muy concretos y mundanos. En el caso del dogma de Jesús es Dios fue instaurado en el concilio de Nicea en el año 325, después de 30 días de acalorado debate donde, por lo visto, se ponían en juego intereses políticos e ideológicos. Entonces, yo me pregunto, ¿cómo algo que generó tanta polémica y que les costó tanto decidir, puede ser considerado como un dogma y pilar del cristianismo? Encima que esto ocurrió cuatro siglos después de la muerte de Cristo, que se dice pronto. Es decir, que durante más de 300 años se pudo ser cristiano sin creer que Jesús era Dios. Pero después de ese momento, no. Ehhh..., muy riguroso no me parece y obviamente hace que desconfíe un poco de la validez de los dogmas como verdades inamovibles. 

Encima, luego leo noticias como esta y ya me parece innegable que se puede perfectamente interpretar algo en función de los intereses particulares de cada momento. Ahora resulta que la forma de pontificar del Papa es herética, porque a unos cardenales ultracatólicos no les viene bien que Francisco I considere legítimas cosas como que los divorciados puedan comulgar. Pero, ¿no se supone que el Papa es la representación de Cristo en la Tierra y que su palabra es infalible? Pues parece ser que no, que si no concuerda con los intereses de determinados sectores, el Papa puede ser incluso un hereje. 

Quizá cuando entre ellos se pongan de acuerdo puedan convencer a alguien. En mi caso sólo consiguen que me reafirme más en la idea de que las verdades inamovibles no son más que convenciones estratégicamente diseñadas para salvaguardar los intereses de unos cuantos. Así que, lo siento por Leticia y Felipe; yo me lo pensaría dos veces antes de pedir el divorcio. Aunque, qué ingenuidad la mía, en su caso la nulidad está garantizada. ¿Los motivos? Ya se los inventará quien proceda, total, qué importa. 

jueves, 12 de abril de 2018

ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE



Sábado por la tarde
Leroy Merlin
P. y yo mirando calefactores
Señor que empieza a hablarnos efusivamente
Me giro...
El padre de P...
Sigue hablando efusivamente y con una amabilidad casi insultante
Se acerca su madre
Un muro
No me mira a los ojos
Hasta que descubre que soy un ser humano y no un mostruo
Me mira dos veces
El padre no para de hablar de un accesorio para el baño
Sonríe mucho, demasiado
Es la primera vez que estamos juntos en 12 años
Me dice que vaya a su casa a comer, que han cometido errores, pero el pasado es el pasado
Se le empañan los ojos...
A pesar del rencor, me conmuevo
La madre sigue como una roca, infranqueable
Se marchan por fin
Y P. y yo nos quedamos en estado de schok
Hubiera preferido encontrarme con un alienígena