viernes, 31 de mayo de 2019

HOMENAJE



Hoy quiero hablar de mi amigo Z.

La amistad no es siempre perfecta (no sé por qué he puesto “siempre”, porque más bien nunca lo es). Y, tal y como decía Sartre, el otro puede convertirse en un infierno (con bastante facilidad, por cierto). Pero sí es verdad que hay personas que nos traspasan y que, casi de forma natural, se convierten en motores y alimento de nuestra existencia. Esto es lo que me ocurre con Z.

Nos conocemos desde tiempos remotos; incluso me atrevería a decir que épocas. Pues bien, tengo la certeza de que en todas ellas coincidimos y de que en todas ellas fuimos colegas. Sí, Z es mi colega, pero no en el sentido más superficial del término, a saber, aquella persona con la que pasas un buen rato pero la relación que se establece no supera lo frívolo. No, todo lo contrario, se trata de colega en el sentido de compañero de vida. Z es esa persona en la que puedo confiar pase lo que pase; esa persona con la que podría hablar de cualquier cosa sin sentir en absoluto un juicio o una reprobación, porque él me acepta tal cual soy y me quiere tal cual soy. Y esto me hace sentir la persona más afortunada del Universo. 

Y, digo más, no solo puedo hablar de todo con él porque no juzgue, sino también porque tiene un nivel de apertura y de bagaje dialéctico espectaculares. Muestra un interés casi innato por casi todos los temas que se le puedan plantear y sus mecanismos metales son de lo más peculiares. Lo mismo puede analizar a la perfección una escena de una película en concreto que crear toda una teoría asociando una ostra con Torquemada (esto es real, esa teoría existe y si algún día se anima a escribirla y me deja, será todo un honor para mí publicarla en este blog).

Pero si algo caracteriza a Z es, sobre todo, su generosidad. Pocas personas he conocido en mi vida con esta cualidad tan acentuada. Y es que su generosidad nace de un desinterés y de una autenticidad tal que la convierten en algo absolutamente desbordante. Siento que podría pedirle cualquier cosa y tener el convencimiento total de que, si está en su mano, me la va a brindar sin reservas. ¿Hay algo más precioso y preciado que esto?

Por último, sólo me queda decir: Z, mi colega, mi compañero y mejor amigo, te quiero, en esta y en todas las épocas. 

miércoles, 8 de mayo de 2019

DECLARACIÓN DE INTENCIONES


Releyendo algunas entradas de este blog, me he dado cuenta (tampoco hay que ser muy suspicaz) de que la mayoría de ellas se centran en describir un desbordamiento negativo. Y no me ha gustado nada. Así que, quiero cambiar esta tendencia. No sólo porque mi ira ya no está en su punto álgido (gracias, estoic@s del mundo), sino porque quiero intentar moderar la negatividad que desprenden mis palabras. Por tanto, voy a procurar centrarme en los desbordamientos positivos y restaurar, así, el equilibrio perdido. ¡A ver qué sale!

Por de pronto, os dejo otro texto que me ha resultado máximamente inspirador a la hora de superar mis sentimientos de crispación. Se trata de un fragmento de la obra "Meditaciones" de Marco Aurelio. Espero que lo disfrutéis.

Cuando te sientas afectado por la conducta despreciable de un hombre, pregúntate inmediatamente: “¿Es posible que no haya gente despreciable en el mundo?” No, no es posible. Entonces, no esperes lo imposible. Pues dicho hombre es tan sólo uno de tantos depravados que deben existir en el mundo. Piensa lo mismo del villano, del cínico y de cada necio que encuentres en tu camino. Pues si recuerdas que tales personas existen, estarás mejor dispuesto hacia ellos.

Reflexiona también acerca de las virtudes que la naturaleza nos ha dado para contrarrestar los actos viles. Pues nos ha dado la compasión como antídoto contra la brutalidad, y así para cada afección nos ha dado una virtud distinta. Y en cada caso, te es posible corregir al descarriado; pues todo el que vaga sin rumbo falla su objetivo y acaba por mal camino.

Además, ¿qué daño has sufrido? Verás que estas personas no han hecho nada que perjudique tu mente, y todo lo que es perjudicial y malo para ti existe sólo en la mente. ¿Por qué te extraña que alguien ignorante actúe como un idiota?

Tal vez debas echarte la culpa a ti mismo, ya que no esperabas que esa persona se equivocara de esa manera. Seguramente tu voz interior te dijo que era posible que cometiera semejante error. Pero aún así, tú no prestaste atención, y ahora te sorprende su equivocación.

Por encima de todo, cuando acusas de deslealtad o ingratitud, vuélvete hacia ti mismo. El error es claramente tuyo, si creíste que él cumpliría su promesa o fuiste amable simplemente porque esperabas algo a cambio. Pues, ¿qué esperas cuando prestas un servicio a alguien? ¿No deberías estar contento por haber hecho lo correcto, en lugar que sentir que deben pagarte por ello?

Es como si tus ojos cobraran una tarifa por ver o tus pies por caminar. Estas partes de tu cuerpo están hechas para cumplir propósitos específicos y, al actuar según su configuración, logran su realización. Asimismo, nosotros hemos sido creados por la naturaleza para actuar con benevolencia. Cuando hacemos algo útil o que, de alguna manera, redunda en el bien común, actuamos en armonía con nuestra configuración inherente y, así, cumplimos nuestro fin.


jueves, 11 de abril de 2019

MI NUEVO HÉROE




Decidme una cosa, por favor, necesito vuestra humilde opinión. ¿Es esto posible? De verdad, ¡¿ES ESTO POSIBLE?! Me refiero a lo que propone Epicteto en el siguiente texto. Porque a mí me parece toda una hazaña, y si Epicteto lo consiguió, sin duda se ha convertido en mi nuevo héroe.

“¿Se puede, entonces, sacar provecho de esto? De todo. ¿Y también del que insulta? Sí. ¿Cuánto aprovecha el entrenador al atleta? Muchísimo. Pues el que me insulta se vuelve entrenador mío; entrena mi capacidad de aguante, mi docilidad, mi mansedumbre. (…) Si alguien me entrena en la docilidad, ¿no me aprovecha? (…) ¿Un mal vecino? Para sí mismo, pero para mí, bueno. Entrena mis buenos sentimientos, mi ecuanimidad. ¿Un mal padre? Para sí, pero para mí bueno. Esto es la varita de Hermes: “Toca lo que quieres –dice- y se convertirá en oro”. No, sino: “Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien”. (Epicteto,  Disertaciones por Arriano, III, XX)

Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien... Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien... Tendré que repetirme esta frase como si de un mantra se tratase, para poder superar el próximo acceso de ira que me desborde por completo. O quizá la ira ya no vuelva nunca más... Quién sabe... Las palabras de Epicteto parecen muy poderosas…

¡Hola a tod@s de nuevo!

jueves, 28 de junio de 2018

LA CONVERSACIÓN


Era importante para mí que la conversación no tuviera lugar en casa de mis suegros. Una comida allí hubiera sido agónica y muy indigesta. Así que le pedí a P. que, por favor, lo organizara para que vinieran a la nuestra por la tarde y, como mucho, merendar algo. Tras un pequeño tira y afloja, P. aceptó. 

Vinieron un sábado por la tarde. Les enseñamos la casa; en más de diez años de relación, no la habían pisado. Les gustó, o eso nos dijeron. Fuimos al salón y nos sentamos en torno a unos sándwiches. 

P. y yo nos habíamos preparado concienzudamente para coger las riendas del asunto e impedir que nos hipnotizaran con su verborrea recalcitrante. Pero no sé lo que pasó… De pronto y con una habilidad inusitada, le dieron la vuelta a la tortilla y en vez de llevar P. y yo el ritmo de la conversación, lo acapararon ellos por completo. Otra vez tuvimos que aguantar sus anécdotas imposibles, sus relatos exagerados y los aburridos detalles que a nadie le importan en absoluto. 

Yo me quería morir. No sólo porque fuera insoportable escucharles, sino por reconocer mi propia incapacidad para cortarles y decirles lo que les tenía que decir. Y justo antes de que mi cerebro estallara por la presión, se me ocurrió utilizar los elementos que ellos mismos usaban en su inagotable charla para, así, llevarlos a mi terreno sin que pudieran escabullirse en absoluto. 

Así que empecé a soltar un chorro de palabras con una conexión tal, que era prácticamente imposible que me interrumpieran o que consiguieran llevar la conversación a su terreno. Y en esas, les solté la bomba en plan jocoso: “Bueno, ¿qué os ha pasado durante estos diez años?” Fue entonces cuando mi suegro me espetó: “Ah, pues eso que te lo explique mi mujer, porque yo nunca he tenido ningún problema”. Me quedé a cuadros… 

“Yo nunca he tenido ningún problema… Yo nunca he tenido ningún problema…” Sus palabras resonaban en mi cabeza cual eco burlón e insultante. ¿Que nunca has tenido ningún problema? ¿QUE NUNCA HAS TENIDO NINGÚN PROBLEMA? ¿Entonces por qué jamás has mostrado el menor síntoma de apoyo ni aceptación? ¿Y por qué nos has ninguneado y rechazado durante todos estos años? Mi indignación era tremenda, porque si hay algo que no soporto en esta vida es la actitud de aquellos que no son capaces de asumir su responsabilidad. 

Afortunadamente, mi sensación de indignación quedó aminorada por la explicación que me ofreció mi suegra. Ella, de forma muy honesta (cosa que me sorprendió mucho), me reveló las razones por las que había mantenido su actitud homófoba durante todos estos años. En la conversación, me dejó claro que se había equivocado e incluso me pidió perdón explícitamente. Yo se lo agradecí y, aunque la conversación fue unidireccional (en ningún caso me preguntó nada a mí y sólo habló de ella), su explicación me resultó satisfactoria. 

Pero lo de mi suegro me mató. No sólo no era verdad que él no tenía ningún problema, sino que él mismo quedó en evidencia en un momento de la conversación. Nos estaban hablando de sus amigos y yo les pregunté si les habían contado algo de nuestra relación, y me dijo que no, que, como él era un hombre muy discreto y no le gustaba desvelar la intimidad de nadie, a sus amigos le habían dicho que P. no tenía pareja. Ehhhh… Súper coherente con el hecho de no tener ningún problema. 

Decidme si me equivoco, pero creo que es obvio que preservar la intimidad no implica mentir. Y es que una cosa es ser discreto y otra querer ocultar la realidad. Si dices que tu hija no tiene pareja estás escondiendo deliberadamente que sí la tiene y, por tanto, estás negando su realidad. Es una discriminación en toda regla fruto de creer que la homosexualidad es algo malo y reprobable, de tal forma que se debe ocultar. Para mí es algo evidente que esto es tener un problema profundo de homofobia, por eso siento un enorme asombro cuando compruebo la ceguera de mi suegro. 

Finalmente la conversación terminó y ellos se marcharon; y yo me quedé con una sensación agridulce. Por una parte, estaba feliz de que mi suegra se hubiera sincerado y hubiera reconocido su error, pero, por otra parte, me indignaba la falta de responsabilidad y de consciencia que mostraba mi suegro. Creo que no hay nada peor que alguien que no se da cuenta de los errores que comete, porque está abocado a repetirlos una y otra vez. Y si sólo le afectaran a él, pues bueno, todavía tendría un pase. Pero es que ya salpican demasiado.

miércoles, 16 de mayo de 2018

LA COMIDA


Mi conmoción me llevó a aceptar el ir a comer a casa de los padres de P. con una actitud máximamente conciliadora. Ya que se había abierto el vórtice había que aprovecharlo. La condición que me puse era la de hablar, aunque sólo fuera durante un rato, de por qué habían mantenido esa actitud de hostilidad durante tanto tiempo. P. no veía claro que sacáramos ese tema, pero para mí era algo fundamental. Necesito saber su versión, su perspectiva, y, sobre todo, necesito tener la convicción de que el desprecio y los ninguneos no se van a repetir nunca. Además, eso de ir a su casa y hacer como si no hubiera pasado nada me parecía de lo más alienante del mundo. 

Así que, para allá que fuimos con mariposillas en el estómago, y es que nunca es fácil enfrentarse a una situación potencialmente incómoda como esa. Cuando llamamos a la puerta, su padre nos recibió como si nos hubiéramos visto ayer mismo y luego salió su madre, con cara de circunstancias y de nuevo sin mirarme apenas a los ojos. Os confieso que me resultó algo divertida su incomodidad. Se notaba que le estaba costando y esto, de alguna forma, me tranquilizó a la vez que me hizo gracia. 

Habíamos quedado en que fuera P. quien iniciara la conversación “difícil” en algún momento de la comida, así que yo estaba esperando a que lo llevara a cabo. Sin embargo, sus padres no paraban de hablar y hablar y hablar y hablar y hablar como si les hubieran dado una cuerda interminable, de tal forma que era casi imposible encontrar un momento de silencio para iniciar cualquier conversación que no estuviera guiada por ellos. ¡Bufffff, qué agotadores resultaban! Con deciros que en menos de una hora ya conocía la mitad de sus vida. Encima el parloteo desmedido, no sólo no propiciaba ningún otro tipo de conversación que no dependiera de ellos, sino que ni siquiera era interactivo, es decir, que apenas nos preguntaban nada ni se trataba de un diálogo donde las dos partes estaban implicadas. En absoluto… Era un hablar por hablar en un frenético intento de huída hacia delante. Estaba claro; no querían ni por asomo que saliera ningún tema que pudiera resultar embarazoso. 

Resultaban tan tan tan agotadores que yo ya había perdido toda esperanza de tener ningún tipo de conversación productiva con ellos. De hecho, me empezó a embargar una sensación de desasosiego y de sinsentido por culpa de la cual casi se me indigesta la comida. No sólo era agotador escucharles, sino que era completamente frustrante, porque se acercaba el momento de irnos y cada vez tenía más claro que no conseguiríamos hablarles acerca de lo que sentíamos. 

Fue entonces cuando se abrió un vórtice, fue minúsculo, casi imperceptible, pero lo suficientemente visible como para que P. metiera la cuña perfecta y se pudiera iniciar un esbozo de conversación que apenas duró dos minutos, porque ya casi estábamos saliendo por la puerta. No dio para mucho, la verdad, sólo pude decirles que me gustaría hablar un día más tranquilamente de por qué pasó todo lo que pasó y de por qué reaccionaron de esa manera. Ellos, con la mirada baja y un tanto avergonzados, me dijeron que sí, que sin problema. Algo es algo… 

En fin, por lo menos P. se sentía muy feliz por el encuentro y eso hizo que se minimizara un poco la sensación de frustración y de cansancio que me invadía por haber tenido que aguantar tres horas de parloteo insustancial y con apariencia de normalidad fingida. Supongo que queda un largo camino por recorrer, aunque os confieso que este primer encuentro me ha agotado por completo. Espero recuperarme pronto y tener de verdad esa conversación esclarecedora que tanto necesito.

jueves, 26 de abril de 2018

LA DE DIOS ES CRISTO



El otro día establecí un diálogo muy interesante con la autora del blog "Se hace camino al pensar" sobre, entre otras cosas, la posibilidad de que la verdad sea una búsqueda constante en el contexto de una religión que establece dogmas inamovibles. Yo no estaba de acuerdo porque me resulta imposible iniciar una búsqueda donde las respuestas ya están dadas de antemano y, además, no te puedes salir de ellas para reformularlas. Sin embargo, ella sí creía que esto era compatible y lo argumentaba de forma coherente (os invito a leerlo). Sobre todo hablamos acerca del dogma que hace referencia a la divinidad de Cristo, es decir, aquel que afirma que Jesús no sólo era hijo de Dios, sino que era el mismo Dios. 

A mí me cuesta mucho asumir que algo pueda ser considerado una verdad absoluta por dos motivos fundamentales. Por una parte, creo que este tipo de verdades están en contra del pensamiento autónomo, porque no dan pie al cuestionamiento ni a la reflexión. Jesús es Dios y punto, lo tomas o lo dejas, y si lo cuestionas para llegar a otra conclusión distinta, ya no puedes ser considerado cristiano. ¡Viva la mayoría de edad del pensamiento! Me parece un asesinato en todo regla de la capacidad crítica. (Esta es mi opinión, por supuesto; si leéis los comentarios de la entrada del blog que os he enlazado antes, veréis que la autora no está de acuerdo y lo justifica bien). 

Por otra parte, hay que tener en cuenta que un dogma no siempre fue considerado como tal, sino que se estableció en un momento concreto de la historia en base a unos intereses también muy concretos y mundanos. En el caso del dogma de Jesús es Dios fue instaurado en el concilio de Nicea en el año 325, después de 30 días de acalorado debate donde, por lo visto, se ponían en juego intereses políticos e ideológicos. Entonces, yo me pregunto, ¿cómo algo que generó tanta polémica y que les costó tanto decidir, puede ser considerado como un dogma y pilar del cristianismo? Encima que esto ocurrió cuatro siglos después de la muerte de Cristo, que se dice pronto. Es decir, que durante más de 300 años se pudo ser cristiano sin creer que Jesús era Dios. Pero después de ese momento, no. Ehhh..., muy riguroso no me parece y obviamente hace que desconfíe un poco de la validez de los dogmas como verdades inamovibles. 

Encima, luego leo noticias como esta y ya me parece innegable que se puede perfectamente interpretar algo en función de los intereses particulares de cada momento. Ahora resulta que la forma de pontificar del Papa es herética, porque a unos cardenales ultracatólicos no les viene bien que Francisco I considere legítimas cosas como que los divorciados puedan comulgar. Pero, ¿no se supone que el Papa es la representación de Cristo en la Tierra y que su palabra es infalible? Pues parece ser que no, que si no concuerda con los intereses de determinados sectores, el Papa puede ser incluso un hereje. 

Quizá cuando entre ellos se pongan de acuerdo puedan convencer a alguien. En mi caso sólo consiguen que me reafirme más en la idea de que las verdades inamovibles no son más que convenciones estratégicamente diseñadas para salvaguardar los intereses de unos cuantos. Así que, lo siento por Leticia y Felipe; yo me lo pensaría dos veces antes de pedir el divorcio. Aunque, qué ingenuidad la mía, en su caso la nulidad está garantizada. ¿Los motivos? Ya se los inventará quien proceda, total, qué importa. 

jueves, 12 de abril de 2018

ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE



Sábado por la tarde
Leroy Merlin
P. y yo mirando calefactores
Señor que empieza a hablarnos efusivamente
Me giro...
El padre de P...
Sigue hablando efusivamente y con una amabilidad casi insultante
Se acerca su madre
Un muro
No me mira a los ojos
Hasta que descubre que soy un ser humano y no un mostruo
Me mira dos veces
El padre no para de hablar de un accesorio para el baño
Sonríe mucho, demasiado
Es la primera vez que estamos juntos en 12 años
Me dice que vaya a su casa a comer, que han cometido errores, pero el pasado es el pasado
Se le empañan los ojos...
A pesar del rencor, me conmuevo
La madre sigue como una roca, infranqueable
Se marchan por fin
Y P. y yo nos quedamos en estado de schok
Hubiera preferido encontrarme con un alienígena

miércoles, 4 de abril de 2018

GAPOS


Tengo que pediros un favor... Es urgente, muy urgente. De hecho, creo que no puedo vivir ni un segundo más sin una respuesta que me convenza de forma definitiva. ¿Alguien puede explicarme por qué muchos hombres escupen por la calle sin reparo alguno? 

Mis hipótesis: 

1. Padecen de un defecto congénito en la glotis. 
2. Sus mucosidades son fatalmente densas, de tal forma que si se las tragan podrían ahogarles. 
3. Están especialmente concienciados con el problema de la sequía y usan los gapos para hidratar el ambiente y conseguir así un mayor nivel de humedad. 
4. Piensan que "civismo" es "ciclismo" mal escrito. 

Me encantaría saber lo que pensáis vosotros, porque yo no salgo de mi asombro. ¡Gracias!

viernes, 16 de febrero de 2018

PATATILLAS


No salgo de mi asombro. ¿Pues no resulta que Pepsi va a comercializar una línea de snacks dirigida exclusivamente a mujeres? Han pensado que comer las patatas, gusanitos, etc., que ahora están en el mercado, no es muy femenino. ¿Por qué? Pues porque te obliga a mancharte demasiado los dedos, con lo cual luego puede que te los tengas que chupar, y porque los snacks crujen demasiado y, en consecuencia, son excesivamente ruidosos. ¡Qué falta de decoro sería para una mujer comer de esa forma! En cambio para un hombre no, porque un hombre puede chuparse los dedos y hacer ruido al comer sin perder su recato en absoluto. Dios... 

Seguramente haya gente que opine que esto no tiene ninguna importancia, que es cosa de puro marketing y que, si no quieres, no tienes por qué comprarte esos snacks. Pero el trasfondo que encierra a mí me resulta aterrador. La intención de esta marca es vender cuanto más mejor, y para ello intenta utilizar las estrategias que considera más efectivas. Si ha escogido sacar al mercado un producto como este es porque ha realizado estudios suficientes como para arriesgarse lo menos posible a que el producto fracase. Por lo tanto, sabe que asociar lo femenino a delicadeza, decoro y ñoñismo tiene éxito. Y esto es lo que me asusta, que la sociedad siga atribuyendo a lo femenino esas características.

Aunque no sé de qué me asombro, la verdad, porque este tipo de asociación está tan presente que es difícil no verla. Sin ir más lejos, el otro día comí con un grupo de amigos y sus hijos pequeños. Dos de ellos (niños de tres años de edad), estaban jugando a dispararse con unos palos que hacían pasar por pistolas. Pues bien, uno de los padres espetó: "Parece que los niños tienen una tendencia biológica a la violencia que no tienen las niñas, ¿verdad?" Buffff... Qué hartazgo... Claro, claro, los niños es que de siempre han sido y son mucho más brutos e impulsivos que las niñas, que son mil veces más tranquilas y recatadas. Bueno, pues nada, sigamos atribuyendo a la biología estas formas de comportarse e ignoremos por completo la cultura y la educación como causa de las mismas.

Es que, además, en el caso de estos dos niños el componente educacional era clamoroso. Resulta que la madre de uno de ellos se quejaba minutos antes de que cuando el niño está con sus abuelos, ve con ellos las películas de indios y vaqueros que echan en Telemadrid y, claro, luego no para de jugar a que mata gente. Y resulta que el otro niño, fascinado por su amigo, imita todo lo que este hace, desde coger un palo y fingir que es una pistola, hasta ponerse a saltar en la cama o a lanzar una piedra al agua. Pero la conclusión más lógica que saca su padre es que son violentos de forma innata. No entiendo nada...

Normal que luego Pepsi quiera aprovechar esta locura de conclusiones y crear patatas para mujeres. Por otra parte, me pregunto cómo se consigue que unas patatas no manchen ni crujan; supongo que tienes que hacerlas secas, bladurrias y enanas. ¡Ummmmm, no puedo esperar para probarlas!


jueves, 8 de febrero de 2018

¿HOMÓFOBO/A YO?


Últimamente me pregunto bastante qué entiende la gente por homofobia. Y es que a lo largo de mi existencia me he encontrado con personas que deben tener una consideración completamente distinta a la que yo manejo de este concepto. Un ejemplo perentorio y muy reciente es el de la jueza María Elósegui que ha sido designada por el gobierno como representante española en el tribunal de Estrasburgo. Pues bien, esta mujer piensa que la homosexualidad es una patología, es decir, que los homosexuales son unos enfermos. Pero, oye, ella no se considera homófoba. No sólo eso, sino que, encima se considera legitimada para participar en un tribunal cuya misión es defender los Derechos Humanos. Ole y ole. 

Y yo me pregunto, ¿qué entenderá esta persona por homofobia? Quizá se esté tomando el término en su traducción literal, a saber, miedo a los homosexuales, de tal forma que la jueza pensará: "Uy, no, no, yo no soy homófoba; los homosexuales no me generan ningún temor, eso sólo Freddy Krueguer". O a lo mejor cree que una persona sólo es homófoba si siente deseos de matar o de agredir a un homosexual: "Para nada, para nada, del mismo modo que no se debe agredir a ningún ser vivo por ser criaturas de Dios, a los gays tampoco, que aunque invertidos, también son parte de la creación, ¿no?". Lo desconozco, aunque me encantaría poder meterme en la cabeza de esta mujer para conocer su diálogo interno. Tiene que ser de lo más delirante. 

Esto ha hecho que piense en mis suegros (pesadillas garantizadas), porque tengo el total convencimiento de que ellos también creen que no son homófobos. "¿Homófobos nosotros? Para nada. Si somos gente de izquierdas de toda la vida, dónde va a parar. Que no hayamos aceptado la relación que nuestra hija tiene desde hace diez años es porque sabemos de sobra que ella no es lesbiana, pero si lo fuera la apoyaríamos a tope".

Ehhhhhh... Bien, por si acaso, tengo que decirlo. Pensar que tu hija no es lesbiana cuando de hecho sí lo es y así te lo ha comunicado, es homofobia en toda regla, porque lleva implícita la consideración de que ser lesbiana es algo denigrante y por eso te niegas a aceptar que le pase a tu hija. Si no tuvieras ningún problema con la homosexualidad, tampoco te importaría que tus hijos lo fueran. Es más, seguramente te sentirías orgulloso y les defenderías en cualquier situación. 

En fin, hay muchos más casos que evidencian esta contradicción, cosa que supongo viene a mostrar que a nadie le gusta que se le considere una persona prejuiciosa. Eso sí, serlo de verdad tampoco les importa mucho, mientras no se note...