domingo, 11 de diciembre de 2016

LA BELLEZA Y EL MUNDO

En principio y cuando se llega a una determinada edad (en mi caso diría que a partir de los 14), el mundo se empieza a convertir en un lugar abrupto, sórdido; deja de ser el escenario de la felicidad, para convertirse en el de la desgracia. Sin embargo, no pierde del todo su belleza; incluso diría que, en el contraste, esta se incrementa notablemente. Cuando la mayor parte de las cosas del mundo te parecen una mierda, descubrir algo bello es una experiencia inigualable. Y lo sientes con mucha más intensidad, como si fuera único, casi sobrenatural. 

En medio de esta emoción desbordante, de pronto, me encuentro preguntándome cómo es posible que algo que pertenece al mundo, me haga salirme completamente de él. Y luego me doy cuenta de que, en realidad, no me salgo en absoluto; sólo encuentro una nueva dimensión del mismo que, indiscutiblemente, también le pertenece. Me costó bastante descubrir que el mundo tiene esta identidad bifronte. De hecho, durante mucho tiempo me pareció tan grotesco, que atribuía cualquier cosa que se alejara de esa fealdad, a algo distinto de él. Pero luego me di cuenta de que tanto lo grotesco como su contrario, forman ambos parte de la misma cosa; y comencé a amar el mundo en su más osada contradicción. Incluso hubo un tiempo en el que lo bello empezó a imponerse y a quedarse largas temporadas de ensueño. 

Directamente, recurro al topicazo de turno y, como una imagen vale más que mil palabras, os dejo un documento gráfico que refleja a la perfección el hecho de apreciar esa cara del mundo contraria a lo grotesco. Se trata de una escena de American Beauty, que es el vivo reflejo de lo que se siente al tener un desbordamiento por belleza. No sé si habéis visto esta película; si no es así, os la recomiendo encarecidamente, porque es sublime, sin duda una de mis películas favoritas. Os dejo la escena aquí abajo para que podáis recordarla, o verla por primera vez (si es así, flipadlo). Sin más, que la belleza os acompañe.


4 comentarios:

  1. Me ha encantado esa idea de la identidad bifronte del mundo :)

    La escena es maravillosa, no es posible contener las lágrimas...

    ¡Viva la belleza y vivan las personas que, a base de identificarla, acaban también por encarnarla en sí mismas!

    R.

    ResponderEliminar
  2. Me viene a la cabeza una de mis citas favoritas, ese "instante, detente", porque a veces la belleza es tan efímera... Coincido y contigo en su abundancia, solo hay que saber mirar. Quizá vivimos rodeados de demasiadas distracciones, que interponen un velo casi opaco ante lo bello o hemos dejado de apreciar aquellas cosas que carecen de una etiqueta con el precio o dan un estatus. Qué se yo.
    Un blog muy interesante, deberías incluir algún icono para poder seguirte.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola Gerardo! Sí, quizá las distracciones y nuestra pobreza de miras a la hora de valorar algo, sean dos factores determinantes que actúan como velo. Muchas gracias por tu comentario y por tu consejo. Ya lo he llevado a cabo. ¡Será un auténtico placer recibir tus visitas!

      Eliminar