domingo, 25 de diciembre de 2016

¿TENER O SER?



¿No alucináis con el anuncio que ha sacado Juguettos para la campaña de Navidad de este año? ¿Es que en Navidades todo vale, incluso que nos volvamos gilipollas absolutos? ¿Estamos locos o qué coño nos pasa? Perdonad por los esputos dialécticos, pero es que me desbordo cuando se utiliza a los niños con fines tan deplorables. El caso es que, sí, están tan graciosos con sus frenéticos “melopidos” que el anuncio engancha que te cagas; ole por los publicista, se han ganado una cesta de Navidad copiosa. Pero, si vamos un poco más allá de lo que se muestra como evidente, nos daremos cuenta enseguida del perverso trasfondo que encierra. 

Hay unos niños, monísimos ellos, y perfectamente escogidos, que se están entrenando como si de un campamento militar se tratara. Y no se entrenan para mejorar su salud física, ni se trata de un entrenamiento intelectual ni moral. No, los niños se entrenan para poder pedirse juguetes de una forma más eficaz, y llegar así a tener todos o casi todos los del catálogo. Y todo esto bajo la mirada de profundo desconcierto de unos padres que son meros observadores pasivos y actúan como si ellos no tuvieran nada que ver con el asunto. Al fin y al cabo, ¡qué pueden hacer, pobres almas de cántaro, si ya lo controlan todo sus hijos! No sé, creo que hubiera sido más digno para todos los padres del mundo, que los publicistas no les hubieran humillado de esa forma. Con no incluirles, suficiente. 

De esta manera, los regalos se convierten desde nuestra más tierna infancia, en lo más importante de la Navidad, de tal modo que, sin ellos, esta no tiene ningún sentido. Tener cosas y más cosas y más cosas, es lo que se estila. ¡Y para qué fomentar con la publicidad algún valor distinto! Si al fin y al cabo esto es lo que triunfa, lo que engancha. Comprar y comprar y comprar y comprar como si no hubiera un mañana. Porque, ¿para qué conformarte con tener uno o dos regalos si puedes conseguir todos los del catálogo? Bueno, claro, y eso de pararse un momento a pensar si realmente necesitamos alguna de las mierdas que consumimos, eso, ¿de qué sirve? 

Y es que, por desgracia, la idea de que cuanto más tienes, más eres, está muy presente en nuestra sociedad; de hecho creo que es esta creencia la que alimenta incesantemente al monstruo del consumismo. Lo que más me jode es que se utilice a los niños pequeños para darle cauce y hacer que parezca algo inocente, divertido y completamente legítimo. Pero de legítimo no tiene absolutamente nada y es un fragante error el darla por cierta. ¡No hay creencia más falsa en este mundo! Para cuestionarla, os incluyo una de las reflexiones más certeras que sobre este tema escribió el psicólogo y filósofo alemán Erick Fromm en su obra “¿Tener o ser?”, donde hace una reivindicación extraordinaria del ser por encima del tener. Espero que os resulte enriquecedora. A mí, desde luego me parece un bálsamo necesario para soportar tantas mierdas navideñas. 

"Las personas que se preocupan por tener gozan de seguridad, pero necesariamente son muy inseguras. Dependen de lo que tienen: del dinero, del prestigio y de su ego; es decir, de algo exterior a ellas; pero, ¿qué les sucedería si perdieran lo que tienen? Pues, sin duda, todo lo que se tiene puede perderse. Obviamente, las propiedades pueden perderse (y con éstas generalmente la posición y los amigos) y en cualquier momento el individuo puede (y tarde o temprano les sucede a todos) perder la vida. 

Si yo soy lo que tengo, y si lo que tengo se pierde, entonces ¿quién soy? Nadie, sino un testimonio frustrado, contradictorio, patético, de una falsa manera de vivir. Como puedo perder lo que tengo, necesariamente en forma constante me preocupa esto. Tengo miedo a los ladrones, de los cambios económicos, de las revoluciones, de la enfermedad, de la muerte, y tengo miedo a la libertad, al desarrollo, al cambio, a lo desconocido. Por ello estoy continuamente preocupado, y sufro una hipocondría crónica, en relación no sólo con la pérdida de la salud, sino con cualquier otra pérdida de lo que tengo; me vuelvo desconfiado, duro, suspicaz, solitario, impulsado por la necesidad de tener más para estar mejor protegido. 

La angustia y la inseguridad engendradas por el peligro de perder lo que se tiene no existen en el modo de ser. Si yo soy lo que soy, y no lo que tengo, nadie puede arrebatarme ni amenazar mi seguridad y mi sentimiento de identidad. Mi centro está en mí mismo; mi capacidad de ser y de expresar mis poderes esenciales forma parte de mi estructura de carácter y depende de mí." 

(FROMM, ¿Tener o ser?, F.C.E., Madrid, 1999)

2 comentarios:

  1. La cita es un bálsamo, desde luego, para estos días y para todos.

    R.

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    1. Me alegro de que te haya gustado. Siempre me ha parecido un texto muy sugerente.

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