viernes, 16 de febrero de 2018

PATATILLAS


No salgo de mi asombro. ¿Pues no resulta que Pepsi va a comercializar una línea de snacks dirigida exclusivamente a mujeres? Han pensado que comer las patatas, gusanitos, etc., que ahora están en el mercado, no es muy femenino. ¿Por qué? Pues porque te obliga a mancharte demasiado los dedos, con lo cual luego puede que te los tengas que chupar, y porque los snacks crujen demasiado y, en consecuencia, son excesivamente ruidosos. ¡Qué falta de decoro sería para una mujer comer de esa forma! En cambio para un hombre no, porque un hombre puede chuparse los dedos y hacer ruido al comer sin perder su recato en absoluto. Dios... 

Seguramente haya gente que opine que esto no tiene ninguna importancia, que es cosa de puro marketing y que, si no quieres, no tienes por qué comprarte esos snacks. Pero el trasfondo que encierra a mí me resulta aterrador. La intención de esta marca es vender cuanto más mejor, y para ello intenta utilizar las estrategias que considera más efectivas. Si ha escogido sacar al mercado un producto como este es porque ha realizado estudios suficientes como para arriesgarse lo menos posible a que el producto fracase. Por lo tanto, sabe que asociar lo femenino a delicadeza, decoro y ñoñismo tiene éxito. Y esto es lo que me asusta, que la sociedad siga atribuyendo a lo femenino esas características.

Aunque no sé de qué me asombro, la verdad, porque este tipo de asociación está tan presente que es difícil no verla. Sin ir más lejos, el otro día comí con un grupo de amigos y sus hijos pequeños. Dos de ellos (niños de tres años de edad), estaban jugando a dispararse con unos palos que hacían pasar por pistolas. Pues bien, uno de los padres espetó: "Parece que los niños tienen una tendencia biológica a la violencia que no tienen las niñas, ¿verdad?" Buffff... Qué hartazgo... Claro, claro, los niños es que de siempre han sido y son mucho más brutos e impulsivos que las niñas, que son mil veces más tranquilas y recatadas. Bueno, pues nada, sigamos atribuyendo a la biología estas formas de comportarse e ignoremos por completo la cultura y la educación como causa de las mismas.

Es que, además, en el caso de estos dos niños el componente educacional era clamoroso. Resulta que la madre de uno de ellos se quejaba minutos antes de que cuando el niño está con sus abuelos, ve con ellos las películas de indios y vaqueros que echan en Telemadrid y, claro, luego no para de jugar a que mata gente. Y resulta que el otro niño, fascinado por su amigo, imita todo lo que este hace, desde coger un palo y fingir que es una pistola, hasta ponerse a saltar en la cama o a lanzar una piedra al agua. Pero la conclusión más lógica que saca su padre es que son violentos de forma innata. No entiendo nada...

Normal que luego Pepsi quiera aprovechar esta locura de conclusiones y crear patatas para mujeres. Por otra parte, me pregunto cómo se consigue que unas patatas no manchen ni crujan; supongo que tienes que hacerlas secas, bladurrias y enanas. ¡Ummmmm, no puedo esperar para probarlas!


jueves, 8 de febrero de 2018

¿HOMÓFOBO/A YO?


Últimamente me pregunto bastante qué entiende la gente por homofobia. Y es que a lo largo de mi existencia me he encontrado con personas que deben tener una consideración completamente distinta a la que yo manejo de este concepto. Un ejemplo perentorio y muy reciente es el de la jueza María Elósegui que ha sido designada por el gobierno como representante española en el tribunal de Estrasburgo. Pues bien, esta mujer piensa que la homosexualidad es una patología, es decir, que los homosexuales son unos enfermos. Pero, oye, ella no se considera homófoba. No sólo eso, sino que, encima se considera legitimada para participar en un tribunal cuya misión es defender los Derechos Humanos. Ole y ole. 

Y yo me pregunto, ¿qué entenderá esta persona por homofobia? Quizá se esté tomando el término en su traducción literal, a saber, miedo a los homosexuales, de tal forma que la jueza pensará: "Uy, no, no, yo no soy homófoba; los homosexuales no me generan ningún temor, eso sólo Freddy Krueguer". O a lo mejor cree que una persona sólo es homófoba si siente deseos de matar o de agredir a un homosexual: "Para nada, para nada, del mismo modo que no se debe agredir a ningún ser vivo por ser criaturas de Dios, a los gays tampoco, que aunque invertidos, también son parte de la creación, ¿no?". Lo desconozco, aunque me encantaría poder meterme en la cabeza de esta mujer para conocer su diálogo interno. Tiene que ser de lo más delirante. 

Esto ha hecho que piense en mis suegros (pesadillas garantizadas), porque tengo el total convencimiento de que ellos también creen que no son homófobos. "¿Homófobos nosotros? Para nada. Si somos gente de izquierdas de toda la vida, dónde va a parar. Que no hayamos aceptado la relación que nuestra hija tiene desde hace diez años es porque sabemos de sobra que ella no es lesbiana, pero si lo fuera la apoyaríamos a tope".

Ehhhhhh... Bien, por si acaso, tengo que decirlo. Pensar que tu hija no es lesbiana cuando de hecho sí lo es y así te lo ha comunicado, es homofobia en toda regla, porque lleva implícita la consideración de que ser lesbiana es algo denigrante y por eso te niegas a aceptar que le pase a tu hija. Si no tuvieras ningún problema con la homosexualidad, tampoco te importaría que tus hijos lo fueran. Es más, seguramente te sentirías orgulloso y les defenderías en cualquier situación. 

En fin, hay muchos más casos que evidencian esta contradicción, cosa que supongo viene a mostrar que a nadie le gusta que se le considere una persona prejuiciosa. Eso sí, serlo de verdad tampoco les importa mucho, mientras no se note...