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LO IMPORTANTE

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Nunca viene mal que alguien te recuerde lo que es importante en esta vida. ¡Gracias, Nina!

DEDICADO A SUSANA

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Querida Susana: He visto que has dejado de seguir mi blog. Tranquila, lo entiendo. Me parece muy razonable que una persona que piensa que los homosexuales somos enfermos mentales elimine su perfil de un blog como el mío. Lo que me extrañaba es que continuaras en él; supongo que sólo habías leído las últimas entradas y no te habías percatado del resto.  Sí, Susana, sí, soy homosexual y es una pena que abandones mi blog por esa razón. Más bien diría que es una tragedia. ¿Tanto te ciegan los prejuicios? ¿De verdad dejas de seguir un blog porque la persona que lo escribe tiene una orientación distinta a la heterosexual? Me entristece profundamente a la vez que me asquea, porque ni siquiera me conoces y, en principio, mi blog te había gustado.  Ahora podría intentar convencerte de que no, la homosexualidad no es ninguna enfermedad mental y de que no, los homosexuales no somos unos pervertidos que odiamos a los cristianos y a los heterosexuales y que intentamos ...

HOMENAJE

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Hoy quiero hablar de mi amigo Z. La amistad no es siempre perfecta (no sé por qué he puesto “siempre”, porque más bien nunca lo es). Y, tal y como decía Sartre, el otro puede convertirse en un infierno (con bastante facilidad, por cierto). Pero sí es verdad que hay personas que nos traspasan y que, casi de forma natural, se convierten en motores y alimento de nuestra existencia. Esto es lo que me ocurre con Z. Nos conocemos desde tiempos remotos; incluso me atrevería a decir que épocas. Pues bien, tengo la certeza de que en todas ellas coincidimos y de que en todas ellas fuimos colegas. Sí, Z es mi colega, pero no en el sentido más superficial del término, a saber, aquella persona con la que pasas un buen rato pero la relación que se establece no supera lo frívolo. No, todo lo contrario, se trata de colega en el sentido de compañero de vida. Z es esa persona en la que puedo confiar pase lo que pase; esa persona con la que podría hablar de cualquier cosa sin sentir en abs...

DECLARACIÓN DE INTENCIONES

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Releyendo algunas entradas de este blog, me he dado cuenta (tampoco hay que ser muy suspicaz) de que la mayoría de ellas se centran en describir un desbordamiento negativo. Y no me ha gustado nada. Así que, quiero cambiar esta tendencia. No sólo porque mi ira ya no está en su punto álgido (gracias, estoic@s del mundo), sino porque quiero intentar moderar la negatividad que desprenden mis palabras. Por tanto, voy a procurar centrarme en los desbordamientos positivos y restaurar, así, el equilibrio perdido. ¡A ver qué sale! Por de pronto, os dejo otro texto que me ha resultado máximamente inspirador a la hora de superar mis sentimientos de crispación. Se trata de un fragmento de la obra "Meditaciones" de Marco Aurelio. Espero que lo disfrutéis. Cuando te sientas afectado por la conducta despreciable de un hombre, pregúntate inmediatamente: “¿Es posible que no haya gente despreciable en el mundo?” No, no es posible. Entonces, no esperes lo imposible. Pues dicho hom...

MI NUEVO HÉROE

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Decidme una cosa, por favor, necesito vuestra humilde opinión. ¿Es esto posible? De verdad, ¡¿ES ESTO POSIBLE?! Me refiero a lo que propone Epicteto en el siguiente texto. Porque a mí me parece toda una hazaña, y si Epicteto lo consiguió, sin duda se ha convertido en mi nuevo héroe. “¿Se puede, entonces, sacar provecho de esto? De todo. ¿Y también del que insulta? Sí. ¿Cuánto aprovecha el entrenador al atleta? Muchísimo. Pues el que me insulta se vuelve entrenador mío; entrena mi capacidad de aguante, mi docilidad, mi mansedumbre. (…) Si alguien me entrena en la docilidad, ¿no me aprovecha? (…) ¿Un mal vecino? Para sí mismo, pero para mí, bueno. Entrena mis buenos sentimientos, mi ecuanimidad. ¿Un mal padre? Para sí, pero para mí bueno. Esto es la varita de Hermes: “Toca lo que quieres –dice- y se convertirá en oro”. No, sino: “Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien”. (Epicteto,   Disertaciones por Arriano , III, XX) Venga lo que quieras y yo lo converti...

LA CONVERSACIÓN

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Era importante para mí que la conversación no tuviera lugar en casa de mis suegros. Una comida allí hubiera sido agónica y muy indigesta. Así que le pedí a P. que, por favor, lo organizara para que vinieran a la nuestra por la tarde y, como mucho, merendar algo. Tras un pequeño tira y afloja, P. aceptó.  Vinieron un sábado por la tarde. Les enseñamos la casa; en más de diez años de relación, no la habían pisado. Les gustó, o eso nos dijeron. Fuimos al salón y nos sentamos en torno a unos sándwiches.  P. y yo nos habíamos preparado concienzudamente para coger las riendas del asunto e impedir que nos hipnotizaran con su verborrea recalcitrante. Pero no sé lo que pasó… De pronto y con una habilidad inusitada, le dieron la vuelta a la tortilla y en vez de llevar P. y yo el ritmo de la conversación, lo acapararon ellos por completo. Otra vez tuvimos que aguantar sus anécdotas imposibles, sus relatos exagerados y los aburridos detalles que a nadie le importan en absolut...

LA COMIDA

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Mi conmoción me llevó a aceptar el ir a comer a casa de los padres de P. con una actitud máximamente conciliadora. Ya que se había abierto el vórtice había que aprovecharlo. La condición que me puse era la de hablar, aunque sólo fuera durante un rato, de por qué habían mantenido esa actitud de hostilidad durante tanto tiempo. P. no veía claro que sacáramos ese tema, pero para mí era algo fundamental. Necesito saber su versión, su perspectiva, y, sobre todo, necesito tener la convicción de que el desprecio y los ninguneos no se van a repetir nunca. Además, eso de ir a su casa y hacer como si no hubiera pasado nada me parecía de lo más alienante del mundo.  Así que, para allá que fuimos con mariposillas en el estómago, y es que nunca es fácil enfrentarse a una situación potencialmente incómoda como esa. Cuando llamamos a la puerta, su padre nos recibió como si nos hubiéramos visto ayer mismo y luego salió su madre, con cara de circunstancias y de nuevo sin mirarme apenas a l...