Era importante para mí que la conversación no tuviera lugar en casa de mis suegros. Una comida allí hubiera sido agónica y muy indigesta. Así que le pedí a P. que, por favor, lo organizara para que vinieran a la nuestra por la tarde y, como mucho, merendar algo. Tras un pequeño tira y afloja, P. aceptó. Vinieron un sábado por la tarde. Les enseñamos la casa; en más de diez años de relación, no la habían pisado. Les gustó, o eso nos dijeron. Fuimos al salón y nos sentamos en torno a unos sándwiches. P. y yo nos habíamos preparado concienzudamente para coger las riendas del asunto e impedir que nos hipnotizaran con su verborrea recalcitrante. Pero no sé lo que pasó… De pronto y con una habilidad inusitada, le dieron la vuelta a la tortilla y en vez de llevar P. y yo el ritmo de la conversación, lo acapararon ellos por completo. Otra vez tuvimos que aguantar sus anécdotas imposibles, sus relatos exagerados y los aburridos detalles que a nadie le importan en absolut...
Ayer me descubrieron este poema de Juan Ramón Jiménez y me siento con tal conmoción que tengo la urgente necesidad de compartirlo con todos vosotros. Espero que os haga sentir tanto como a mí. Lo querían matar los iguales porque era distinto. Si veis un pájaro distinto, tiradlo; si veis un monte distinto, caedlo; si veis un camino distinto, cortadlo; si veis una rosa distinta, deshojadla; si veis un río distinto, cegadlo. Si veis a un hombre distinto, matadlo. ¿Y el sol y la luna dando en lo distinto? Altura, olor, largor, frescura, cantar, vivir distinto de lo distinto; lo que seas, que eres distinto (monte, camino, rosa, río, pájaro, hombre): si te descubren los iguales, huye a mí, ven a mi ser, mi frente, mi corazón distinto.
Mi mayor desbordamiento, aquel en el que me convertí en algo monstruoso, grotesco y casi sobrenatural, ocurrió unos cinco o seis años después de que mi pareja, P., y yo comenzáramos nuestra relación. Durante esos años, sus padres habían seguido con su boicot sistemático que consistía sobre todo en ignorar nuestra relación y en poner malas caras cuando P. me nombraba o nombraba algo relacionado con lo nuestro. Esto tenía unas repercusiones brutales en P., que aún no había podido superar el rechazo de sus padres y que encima se esforzaba por recuperar su amor. Sus esfuerzos eran titánicos, y sistemáticamente se topaba con la misma pared; por mucho que hiciera, nunca conseguía nada de nada. Y eso le pasó factura. Se acercaban las Navidades y unos familiares de P. estaban en la ciudad visitando a mis suegros. Estos, cual viles traidores, les habían contado una mentira para que no supieran que nuestra relación existía. Y P. no se sentía con fuerzas para desmentirla; igual que no se...
Como no viene mal, te lo recuerdo: ¡eres muy importante para mí!
ResponderEliminarY gracias por la canción, la tarareo constantemente y me alegra los días.
Te quiero :)
R.
Te quiero
EliminarNo es un mal inventario, no :)
ResponderEliminar¿Verdad?
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